
A partir de las ocho de la tarde, empezaron los nervios y las preparaciones para ver el partido en casa de mi abuela con Aida, Natxo y parte de mi familia. Era la mejor compañía que podía tener, ya que Aida era una de mis mejores amigas y la más adecuada para ver ese estresante partido; en cambio, Natxo siempre tenía esas importantes esperanzas de que nos merecíamos ganar esa semifinal por toda la trayectoria de partidos ganados y el buen juego que estábamos haciendo a lo largo de esta temporada y evidentemente como dice él: Que ganara el mejor.
Me puse la camiseta del Barça que tantos años tiene y a las ocho y media fuimos todos a casa de mi abuela. Todos éramos un saco de nervios unidos por un sentimiento, ganar ese partido. Estábamos eufóricos y antes de que empezara el partido lancé una frase que todos los que estaban allí sentados se les quedó grabada en la cabeza: Sufriremos hasta el final.
No hacía falta ganar, solo un empate que no fuera cero a cero nos valía para llevarnos la victoria que nos llevaría hacia Roma. Tom Henning silbó su silbato y empezó el partido. Nueve menos cuarto de la noche y todos sentados en el sofá. Stamford Bridge era una olla caliente de la cual podíamos salir bastante escaldados…
El Barça comenzó atacando sin mucho peligro a la portería del Chelsea; Aida me agarraba del brazo y yo agarraba a Natxo y a la vez, empezaba a picarme todo el cuerpo de los nervios que contenía. En un momento de desconcentración y con un poco de suerte, en el minuto nueve Essien recibió una pelota rebotada por un defensa azulgrana y empalmó una volea desde el arco del área grande que le dio al travesaño y entró a mucha velocidad, imparable para nªuestro portero.
Tras ese gol, el Chelsea se encerró en su campo y nuestro equipo solo realizó unos inofensivos chutes que ni iban entre los tres palos de la portería de Cech…
Acabó la primera parte con un disgusto bastante grande; ya que el Barça parecía que estaba herido por ese gol tan tempranero y además nosotros queríamos marcar, pero su defensa era más fuerte que nuestros delanteros.
Cenamos y en mi cabeza solo tenía una sencilla pregunta que no me dejaba cenar con tranquilidad: ¿Pasaremos a la final?
Volvimos a nuestros asientos para seguir sufriendo cuarenta y cinco minutos más. Intentamos penetrar de nuevo su defensa, pero no lo logramos en muchas ocasiones, y cuando lo logramos no acertábamos cara portería. Victor Valdés nos salvó de salir goleados de Stamford Bridge y Tom Henning no estaba muy acertado en su arbitraje la verdad…
A causa de eso, en una de las tantas veces que el Chelsea atacaba, Anelka se tropezó mientras forcejeaba con uno de nuestros defensores, el árbitro señaló una falta inexistente al pico de nuestra área, y por si fuera poco, también expulsó a Abidal. Lo teníamos todo en contra, un jugador menos y estábamos perdiendo. Avanzaba el cronómetro y cada vez teníamos menos posibilidades de salir con un empate de ese campo.
Faltaban quince minutos para el final y jugábamos con diez. Intentábamos buscar un gol, pero cuando volvíamos a pasar al campo de los "blues", nos aturdían con faltas de tarjeta amarilla que Tom Henning no señalaba.
Finalmente, llegó lo esperado por todos los culés del planeta Tierra: Dani Alves subió la pelota por el lateral derecho, la pelota fue centrada por él y despejada por John Terry con la cabeza; el balón llegó rebotado a los pies de Eto’o en la banda izquierda, éste en el área grande le pasó el balón a Messi y después de un pase de Messi a Iniesta, el número ocho del F.C.Barcelona en el minuto noventa y tres, nos llevó a la final con un chute des del pico del área que entró por la escuadra.
En casa de mi abuela todos gritamos: ¡GOOOOOOOOOOL! Aida estaba que se subía por las paredes de la alegría y Natxo no paraba de repetirme: Te lo decía, nos merecíamos pasar a la final -yo también lo pensaba, pero viendo lo visto, no me atreví a decir nada en los noventa minutos del partido- ¡somos los mejores! Tiramos petardos des del balcón y salimos a la calle mostrando nuestro orgullo barcelonista con camisetas, banderas y cánticos culés.
Este día será recordado por todos los barcelonistas del mundo, ya que sufrimos hasta al final pero logramos la victoria que tanto esperábamos. Ahora solo nos falta ganar en Roma, la final de la Champions League 2009 (27 de mayo).