El amor, tan sencillo de explicar y tan dificil de olvidar, tan doloroso y sufrido, para los amados, para los amantes y sobretodo para los que son no correspondidos. Amor es de lo que hablan todos y muy pocos son los que sienten. Sólo hay cuatro gatos agilipollados (entre tantos tú ,yo y ella) que lo entendemos tal y como es, con sus pros y sus contras, y no cuando nos interesa.
A veces, uno no se da cuenta de las verdaderas locuras que podríamos llegar a hacer por amor, los lugares que podríamos viajar por sólo ver a esa persona cinco minutos porque diez minutos más tarde tiene una conferencia, la cantidad de regalos que podríamos hacerle para demostrarle tu amor y ella estar sin immutarse durante décadas. Vacíos, solos, tristes. El amor es simplemente eso, un altibajo de sentimientos que nunca sabes ni cuando van ni cuando vienen. Cuando van ya los has perdido y cuando vienen no te has dado cuenta y ya se han ido. Aunque no todos lo saben pero es bastante obvio, los que nos mostramos más fríos exteriormente somos los que por dentro sufrimos más, aquellos que nos callamos todo lo que sentimos por miedo a perder, a perderla, a perderles a todos ellos que están a nuestro alrededor, por miedo a hacer daño y por miedo a herir los sentimientos de los demás. En cambio, los que más presumen de sentirlo, de tener el amor que todos deseamos y envidiamos, son los que más lo necesitan y que nunca han tenido uno de verdadero. Pensamos, soñamos y creamos. Algunos ingenuos creemos que podemos conseguir todo lo que propogamos y apreciamos, nos esforzamos al máximo para obtenerlo, para que la chica que nos guste nos llegue a hablar algún día o simplemente verla otra vez por la misma calle en la que os conocisteis. Nos enamoramos, caemos, nos volvemos a levantar gracias a muchos esfuerzos y volvemos a enamorarnos de una persona peor que la anterior, que nos hace daño, que nos hace sufrir y nos hace poner de los nervios. Pero precisamente esa misma persona, tiene el poder de hacerte feliz, sólo ella. Con su simpatía, con la complicidad que te demuestra día a día, viniéndote a buscar al trabajo o preparándote una cena romántica con velas porque estáis cabreados. Entonces, en ese justo momento, los enamorados reprimidos olvidamos todo lo malo que nos muestra durante algunos días y nos fijamos en lo mucho que nos complace que nos quieran por unos instantes, que nos abracen aunque los abrazos no sean auténticos, y que nos besen aunque los labios que nos estén besando no sean ni tan si quiera los suyos...