viernes, 19 de febrero de 2010

Para los enamorados

Supongo que ni tú, ni yo, ni nadie de este planeta que tenga un poco de inteligencia podría pensar en una locura tan grande como la nuestra: el amor verdadero. Si, aquello que ahora los adolescentes entienden por un rollo de una noche, un tic y taca o incluso los más romanticos son aquellos que duran hasta tres semanas con su pareja que le ha sido infiel cuatro veces y con cuatro hombres diferentes.
El amor, tan sencillo de explicar y tan dificil de olvidar, tan doloroso y sufrido, para los amados, para los amantes y sobretodo para los que son no correspondidos. Amor es de lo que hablan todos y muy pocos son los que sienten. Sólo hay cuatro gatos agilipollados (entre tantos tú ,yo y ella) que lo entendemos tal y como es, con sus pros y sus contras, y no cuando nos interesa.



A veces, uno no se da cuenta de las verdaderas locuras que podríamos llegar a hacer por amor, los lugares que podríamos viajar por sólo ver a esa persona cinco minutos porque diez minutos más tarde tiene una conferencia, la cantidad de regalos que podríamos hacerle para demostrarle tu amor y ella estar sin immutarse durante décadas. Vacíos, solos, tristes. El amor es simplemente eso, un altibajo de sentimientos que nunca sabes ni cuando van ni cuando vienen. Cuando van ya los has perdido y cuando vienen no te has dado cuenta y ya se han ido. Aunque no todos lo saben pero es bastante obvio, los que nos mostramos más fríos exteriormente somos los que por dentro sufrimos más, aquellos que nos callamos todo lo que sentimos por miedo a perder, a perderla, a perderles a todos ellos que están a nuestro alrededor, por miedo a hacer daño y por miedo a herir los sentimientos de los demás. En cambio, los que más presumen de sentirlo, de tener el amor que todos deseamos y envidiamos, son los que más lo necesitan y que nunca han tenido uno de verdadero. Pensamos, soñamos y creamos. Algunos ingenuos creemos que podemos conseguir todo lo que propogamos y apreciamos, nos esforzamos al máximo para obtenerlo, para que la chica que nos guste nos llegue a hablar algún día o simplemente verla otra vez por la misma calle en la que os conocisteis. Nos enamoramos, caemos, nos volvemos a levantar gracias a muchos esfuerzos y volvemos a enamorarnos de una persona peor que la anterior, que nos hace daño, que nos hace sufrir y nos hace poner de los nervios. Pero precisamente esa misma persona, tiene el poder de hacerte feliz, sólo ella. Con su simpatía, con la complicidad que te demuestra día a día, viniéndote a buscar al trabajo o preparándote una cena romántica con velas porque estáis cabreados. Entonces, en ese justo momento, los enamorados reprimidos olvidamos todo lo malo que nos muestra durante algunos días y nos fijamos en lo mucho que nos complace que nos quieran por unos instantes, que nos abracen aunque los abrazos no sean auténticos, y que nos besen aunque los labios que nos estén besando no sean ni tan si quiera los suyos...

lunes, 8 de febrero de 2010

Sin que se note

Después de una eternidad de días sin verte hoy, un día muy señalado para mí, te he vuelto a ver. Aunque sólo haya podido ser desde detrás de un ridículo muro, muy alejado de ti.

Espero que no me hayas visto, sería muy bochornoso que lo hubieras hecho mientras te estaba espiando... Me he planteado la idea de ir a saludarte, como si nada hubiera pasado durante tanto tiempo sin comunicarnos, pero no soy tan fuerte como crees. Simplemente me he conformado con observarte que ya es mucho para mí.

He visto tu sonrisa que la tenía bastante olvidada en el recuerdo, tu peculiar manera de reír de la cual muchas veces me acuerdo y sobretodo me he fijado en el movimiento de tu cabello agitado por tus manos que cuando eras sólo mía podía acariciar.

De repente, me vinieron a la mente muchos de los recuerdos que habíamos pasado en el mismo lugar que estabas sentada, aunque en ese momento tú estabas acompañada de tus amigas y yo acompañada de un doloroso recuerdo mientras contemplaba tu belleza, tu forma de mirar, tu figura, tu ropa, tu sutil sensualidad…

Me hubiera gustado hablar contigo, abrazarte e incluso besarte. Explicarte mi vida, mi rutinaria vida sin ti llena de dolor al rememorar todos los sueños que teníamos por vivir y que nunca se llegaron a cumplir.

Hace noventa días que no estamos juntos y aún siento el mismo sufrimiento que el primer día. Supongo que me tendrás más que olvidado y que no te acordarás de todas las promesas que los dos finalmente incumplimos, pero aunque tu sigas creyendo que soy frío, cruel y algo calculador te sigo amando igual o más que el primer día.

Sigo creyendo en que me amas igual y que algún día, quieras o no, volverás a estar entre mis brazos, rodeada de mis abrazos y regresarás a ese lugar que nunca debías haber abandonado: mi corazón lleno de felicidad y cariño dispuesto compartir todos los momentos de la vida contigo...

lunes, 1 de febrero de 2010

Seguirte hasta la eternidad...

Me gustaría que estuvieras de nuevo aquí, que nunca te hubieras ido. Me gustaría observar tus profundos brillantes ojos marrones que tanta seguridad me aportaban. Me gustaría ver tu sonrisa, esa sonrisa de la cual me enamoré al primer instante y que ahora solamente la puedo ver evocando recuerdos del pasado. Me gustaría volver a abrazarte y que me abrazaras, rodearte con mis brazos y que te quedarás entre ellos para siempre. Me gustaría volver a poder llorar junto a ti aunque fuera sólo por unos instantes y por lo contrario, reirme contigo hasta el fin de nuestras vidas. Me gustaría que supieras lo mucho que te hecho de menos, ya que desde que no estás me he vuelto una incomprendida por excelencia. Me gustaría que supieras lo que siento ahora que ya no estás, que te fuiste y raramente volverás. Me gustaría seguirte allí donde fueras, hasta la eternidad. Besarte como nunca lo he hecho, abrazarte tan fuerte dejándote sin aliento y apoyarte en todos los momentos como has hecho tu conmigo. Animarte en todos los retos que siempre te pongas por delante y ayudarte a superar los obstáculos más inóspitos que la dolorosa vida pudiese ponerte.

Me gustaría que nunca hubiera un último beso, ni último abarazo, ni una última mirada, ni una última sonrisa, ni una última clase, ni un último correo, ni una última despedida... Pero desgraciadamente en esta vida siempre hay un " me gustaría" que nunca se cumple y un "último" que por mucho cariño que nos tengamos siempre acaba sucediendo.