26 de Mayo de 2009
(Barcelona)
Querida Lucía
Te escribo esta carta para decirte que te echo muchísimo de menos. Desde que te fuiste a Madrid por tu trabajo nada ha vuelto a ser lo mismo. Me siento solo y lo peor es que todo me recuerda a ti, por ejemplo la cama donde cada noche dormíamos juntos ahora únicamente puedo abrazar la almohada que tú apoyabas la cabeza noche tras noche. No tengo con quien conversar cada mañana, ni con quien pelearme después de volver del trabajo.
Te siento lejos, son más de quinientos quilómetros que nos separan. Espero que te acuerdes de mi al igual que yo me estoy acordando de ti. El tiempo pasa lento en Barcelona y cada día mi vida se hace más monótona y rutinaria. Los domingos por la tarde no tengo a nadie a mi lado que me haga cosquillas en los brazos cuando hacen la típica película de amor. Nadie con quien compartir las palomitas de microondas ni mucho menos nadie con quien compartir el cariño que tú me regalabas y yo galantemente recibía.
Esperaré impaciente tu respuesta, del mismo modo que te esperaré a ti. Permaneceré en silencio esperando el regreso de tus besos, de tus caricias y de tus abrazos. Viviré recordando tu traviesa sonrisa, hasta que un buen día vuelvas de Madrid y regreses a mi lado, a nuestro hogar, ese lugar del que nunca te tenías que haber marchado.
Posdata: Nunca olvides que te amo
David
lunes, 25 de mayo de 2009
Vuelve
jueves, 21 de mayo de 2009
Color esperanza
Te quiero desde el primer momento en que te vi. Te amo desde el día en que me besaste. Te adoro desde que consigues hacerme feliz con solo decir mi nombre. Te necesito por encima de todo y de todos, sabes que sin ti no puedo vivir y tan si quiera sonreír. Me enamoras con tus manos que rozan mi cuerpo. Me seduces con tu inmejorable sonrisa. Me besas la oreja, el cuello y siento, que por ti yo me muero. Me acaricias la cara suavemente, la mejor manera para seducirme y entregarte mi vida entera.
Me abrazas sorprendentemente por detrás, sin saber quien serás. Pero una extraña sensación hace que presienta que eres la persona que siempre me amará. Me giro, te miro y suspiro.
Siempre juntos.
domingo, 17 de mayo de 2009
La chica de ayer
De repente me besó y una sensación electrizante recorrió todo mi cuerpo. Me cogió de la mano y vi como de sus ojos brotaban unas cuantas lágrimas que finalmente deslizaban por su rostro.
-¿Qué te pasa?- Le pregunté preocupado. Y ella llorando de alegría me contestó:
-Nunca pensé que llegaría este momento…
Rememorable crepúsculo
Andaba como si no tuviera nada importante que hacer, y esa era la cruel realidad; me sentía vacío por dentro, pero nunca llegaba a entender porqué. Me senté en la plazoleta como siempre hacía, allí me sentía refugiado de la sociedad y podía pensar con tranquilidad e incluso con un poco de claridad. Me encendí el primer cigarro de la tarde, tenía la sensación que iba a pasar algo. De pronto apareció ella con su peculiar sonrisa complementando con su suave moreno rostro que antes yo podía acariciar. Me miró con sutileza durante un breve y delimitado tiempo. Entonces, se acercó lentamente hacía mi como si tuviera miedo de lo que pudiese pasar esa tarde. Solos, estábamos solos y por si fuera poco, ella se sentía vacía cuando estaba a mi lado, me lo había repetido varias veces; en cambio ella saciaba toda la soledad que yo sentía cuando al principio me había sentado en la plazoleta.
Nos sentamos en los columpios y el tiempo pasaba con un estridente silencio que me aterrorizaba. ¿Por qué no éramos capaces de dirigirnos ni una sola palabra, ni un maldito gesto…? Le dije si quería un cigarro (una excusa para ver si podíamos establecer una conversación), aceptó mi petición y yo me fumé uno para acompañarla. Tenía temor al tenerla cerca, pero aún lo tenía más cuando algunas veces se alejaba. Sus ojos expresaban melancolía de los bellos recuerdos que pasábamos juntos cuando éramos pareja, pero lo que yo pensaba solo eran hipótesis. Lo sé, fuimos tontos y lo peor es que aún la seguía queriendo. Como no estar enamorado de esos ojos esmeraldas que siempre me miraban cuando la sonreía…
Se iluminaron las farolas de la plazoleta aunque parpadeaban de vez en cuando. Era tarde, pero parecía que ninguno de los dos teníamos prisa. Sin querer su mano rozó con la mía y sin que me pudiese controlar, la cogí. La abracé como en los viejos recuerdos, como en las películas que íbamos a ver juntos en aquellos tiempos. Nos pusimos en pie, me encendí el último cigarro de la tarde y nos fuimos de aquella triste plazoleta. Al paso de nuestros pies, el crepúsculo iba apagando lo poco que había iluminado de aquella calle especial de la cual volvía a andar tranquilamente pero esta vez, junto a ella…
domingo, 10 de mayo de 2009
Una loca enamorada
Después de pasar años enamorada, la calma de después del dolor es lo mejor que me podía pasar y por fin, relajarme sin sentir ninguna sensación extraña ni por mi cabeza ni por mi corazón. Pero como soy una enamoradiza, tenía que llegar el momento en el cual mi cabeza volviese a tener pensamientos amorosos i confundir la amistad con amor. Volvió aparecer, ese gran amor que tenía guardado para alguien especial, revivió de las cenizas más apagadas del fondo de mi corazón. Volvía a tener esa esperanza de conseguir a mi primer y único amor, esa sensación que es tan bonita y efímera a la vez que puede sentir tu corazón. Al principio intentaba negarlo: “no puede ser, otra vez a mi no, y más siendo la misma persona…” Siempre se repetía una historia similar, no me le sacaba de la cabeza ni tan si quiera sin verle. Desde la última vez que confundí la amistad con amor salí mal parada la verdad, pero nunca he llegado a aprender con ese error que mi cabeza no comprende ni entiende el porqué de esos sentimientos de nuevo.
Tras largos meses teniendo una simple amistad con él, todo tenía que cambiar de blanco al negro, y hasta el momento se estaba oscureciendo y cada vez iba del mal en peor.
Finalmente, llegó la recompensa más esperada que mi corazón esperaba hacía años, le conseguí. Pude tenerle entre mis brazos varias semanas, besándole tantas veces cuanto quise y abrazarle siempre que me apetecía. Pero esa fue una corta historia de amor más, que mi corazón aun se resiente por ello…
Es muy difícil que tú y yo...
Es muy difícil que tú y yo tengamos una relación amistosa regular, ya que los dos somos muy diferentes, pero muy parecidos a la vez. Muchas veces intentamos tener una amistad normal, pero siempre hay problemas que los dos creamos sin querer a causa del supuesto "feeling"
Aún es más difícil que tengamos una relación amorosa, porque pienso que nunca me querrás como yo siempre te he querido y te quiero. Tú dices que sí, que lo quieres intentar y cada vez sientes más atracción por mí; pero yo (un poco desconfiada también) nunca me lo llego a creer después de todo lo que llegué a sufrir…
Intentas convencerme, incluso parece que me obligues y que siempre tenga que acabar a tu lado, sufriendo y amándote, como los viejos tiempos. Haces que revivan sentimientos-aunque no quiera-que tenía apagados en mi interior, y gracias a mis anhelos recuerdos sigo pensando en lo que pudimos amarnos, y no lo hicimos.
Viniste desde tu casa a la mía para tan solo decirme unas palabras que al principio no me las creía, pero como normalmente me pasa, caí rendida a tus frases que salieron de tu boca y que llegaron directamente a mi corazón: -Me he escapado de mi casa para verte y me dices que no puedes bajar, espero verte pronto. ¡Te quiero muchísimo! No lo olvides nunca
¿Me quieres muchísimo? Cuantas veces me habrás dicho eso y todas me las he creído, para acabar con el mismo resultado de siempre: sola. Conformándome con tu especial amistad como lo llamas tú y de una manera u otra, intentando disfrutar de la vida.
Pero a pesar de todo, tenlo claro mi amor: nunca lo olvidaré…
6 de Mayo

A partir de las ocho de la tarde, empezaron los nervios y las preparaciones para ver el partido en casa de mi abuela con Aida, Natxo y parte de mi familia. Era la mejor compañía que podía tener, ya que Aida era una de mis mejores amigas y la más adecuada para ver ese estresante partido; en cambio, Natxo siempre tenía esas importantes esperanzas de que nos merecíamos ganar esa semifinal por toda la trayectoria de partidos ganados y el buen juego que estábamos haciendo a lo largo de esta temporada y evidentemente como dice él: Que ganara el mejor.
Me puse la camiseta del Barça que tantos años tiene y a las ocho y media fuimos todos a casa de mi abuela. Todos éramos un saco de nervios unidos por un sentimiento, ganar ese partido. Estábamos eufóricos y antes de que empezara el partido lancé una frase que todos los que estaban allí sentados se les quedó grabada en la cabeza: Sufriremos hasta el final.
No hacía falta ganar, solo un empate que no fuera cero a cero nos valía para llevarnos la victoria que nos llevaría hacia Roma. Tom Henning silbó su silbato y empezó el partido. Nueve menos cuarto de la noche y todos sentados en el sofá. Stamford Bridge era una olla caliente de la cual podíamos salir bastante escaldados…
El Barça comenzó atacando sin mucho peligro a la portería del Chelsea; Aida me agarraba del brazo y yo agarraba a Natxo y a la vez, empezaba a picarme todo el cuerpo de los nervios que contenía. En un momento de desconcentración y con un poco de suerte, en el minuto nueve Essien recibió una pelota rebotada por un defensa azulgrana y empalmó una volea desde el arco del área grande que le dio al travesaño y entró a mucha velocidad, imparable para nªuestro portero.
Tras ese gol, el Chelsea se encerró en su campo y nuestro equipo solo realizó unos inofensivos chutes que ni iban entre los tres palos de la portería de Cech…
Acabó la primera parte con un disgusto bastante grande; ya que el Barça parecía que estaba herido por ese gol tan tempranero y además nosotros queríamos marcar, pero su defensa era más fuerte que nuestros delanteros.
Cenamos y en mi cabeza solo tenía una sencilla pregunta que no me dejaba cenar con tranquilidad: ¿Pasaremos a la final?
Volvimos a nuestros asientos para seguir sufriendo cuarenta y cinco minutos más. Intentamos penetrar de nuevo su defensa, pero no lo logramos en muchas ocasiones, y cuando lo logramos no acertábamos cara portería. Victor Valdés nos salvó de salir goleados de Stamford Bridge y Tom Henning no estaba muy acertado en su arbitraje la verdad…
A causa de eso, en una de las tantas veces que el Chelsea atacaba, Anelka se tropezó mientras forcejeaba con uno de nuestros defensores, el árbitro señaló una falta inexistente al pico de nuestra área, y por si fuera poco, también expulsó a Abidal. Lo teníamos todo en contra, un jugador menos y estábamos perdiendo. Avanzaba el cronómetro y cada vez teníamos menos posibilidades de salir con un empate de ese campo.
Faltaban quince minutos para el final y jugábamos con diez. Intentábamos buscar un gol, pero cuando volvíamos a pasar al campo de los "blues", nos aturdían con faltas de tarjeta amarilla que Tom Henning no señalaba.
Finalmente, llegó lo esperado por todos los culés del planeta Tierra: Dani Alves subió la pelota por el lateral derecho, la pelota fue centrada por él y despejada por John Terry con la cabeza; el balón llegó rebotado a los pies de Eto’o en la banda izquierda, éste en el área grande le pasó el balón a Messi y después de un pase de Messi a Iniesta, el número ocho del F.C.Barcelona en el minuto noventa y tres, nos llevó a la final con un chute des del pico del área que entró por la escuadra.
En casa de mi abuela todos gritamos: ¡GOOOOOOOOOOL! Aida estaba que se subía por las paredes de la alegría y Natxo no paraba de repetirme: Te lo decía, nos merecíamos pasar a la final -yo también lo pensaba, pero viendo lo visto, no me atreví a decir nada en los noventa minutos del partido- ¡somos los mejores! Tiramos petardos des del balcón y salimos a la calle mostrando nuestro orgullo barcelonista con camisetas, banderas y cánticos culés.
Este día será recordado por todos los barcelonistas del mundo, ya que sufrimos hasta al final pero logramos la victoria que tanto esperábamos. Ahora solo nos falta ganar en Roma, la final de la Champions League 2009 (27 de mayo).