martes, 27 de abril de 2010
Pretty woman
domingo, 18 de abril de 2010
I miss you so
Esta mañana me levanté como otro día cualquiera, le di un manotazo al despertador para que dejara de sonar ese estruendo sonido que me había perturbado el sueño y almorcé rápidamente. Como no llegaba tarde al colegio, así que almorcé, me vestí y me lavé los dientes lo más rápido posible. Cogí las llaves de casa y salí apresuradamente hacia la escuela. Cuando quedaba un piso para llegar al final de esa tortura de escalera sin ascensor, me caí. Hacía tiempo que no tropezaba como esa vez. En dos minutos que fue lo que tardé en repararme de la caída, recordé todos aquellos momentos en los que había caído en mi vida y había aprendido a levantarme: mis primeros pasos, mis primeros chutes a un balón, mi primera vez con una bicicleta de dos ruedas y hasta la primera vez que hice la rueda. Todas esas primeras veces habían acabado en grandes e inolvidables leñazos. Pero golpe tras golpe, había aprendido hasta ese momento que el dolor nos hace más fuerte a los humanos y hace que valoremos más las cosas que tenemos a nuestro alrededor.
Me alcé y fui directa al colegio. La primera clase fue una eternidad como todas a las ocho y media de la mañana, pero esa más en especial. En el cambio de clase, fui al pasillo a hacer memoria. Recordé todos los momentos que habíamos pasado en aquel mismo lugar hacía noventa días ya. Recordé tus miradas cómplices, tus sabias palabras y tus inmortales sonrisas. De repente, sentí el dolor de tu ausencia. Noté que me faltabas allí a mi lado, noté que nadie podía ocupar tu lugar y menos remplazarte en mi corazón. Entonces, imaginé que estabas ahí mirándome como lo solías hacer y te acaricié, pero fugazmente te fuiste. Recuperé las fuerzas para levantarme otra vez y volver a clase…
Y aquí estoy yo describiendo mi dolor en este mismo pasillo, después de tres meses de tu despedida, sintiendo lo mismo que el primer día y sobreviviendo con la compañía de tu fría ausencia que persiste aquí, en este mismo pasillo que sigue esperando a que algún día vuelvas...
domingo, 11 de abril de 2010
Explosión de colores
La adolescencia es un proceso en el cual pasamos por diferentes estados anímicos que poco a poco crean el desarrollo de nuestro ser, nuestro carácter y nuestro genio. Por eso, durante este desarrollo somos como un arco iris, una explosión de sentimientos y de diferentes pensamientos, de vaivenes de sensaciones y de dilemas que nadie sabe resolver.
Nuestro Arco iris vital de juventud está formado por diferentes colores, entre ellos está el rojo pasión, que simboliza la sangre que recorre por nuestro cuerpo y que representa la violencia, el resultado de una guerra. También se puede entender como el color de lo prohibido y el color de un sutil provocativo pintalabios rojizo marcado en el filo de una copa de vino tinto. A nosotros, este color nos suele ser atrayente y llamativo, pero normalmente lo solemos relacionar con el amor. Luego está el naranja, relacionado con la música máquina, aquella música que nos aporta energía, ganas de bailar y de gritar, de olvidar todo lo demás y concentrarnos en esa melodía para poderla disfrutar. No suele agradar a la gente, pero puede llegar a ser original. Lo podemos relacionar con un atardecer en la playa, con un cielo con colores calientes y con la inseguridad, tonalidad ámbar de un semáforo al poder pasar pero con un alto riesgo de peligro. Seguidamente está el amarillo, que representa una parte oscura de nuestro carácter: los celos. Pero también representa nuestra felicidad, aunque a veces sea más efímera de lo que nos gustaría. Luego está el verde, que nos aporta esperanza en nuestros peores momentos. Cuando nos damos cuenta que no tenemos a nada ni a nadie que nos entienda y aparece alguien que te confía que se siente tan solo o más que tu. Entonces, tenemos la esperanza de que esa persona sea la adecuada. Prosigue el color azul que representa todo lo eterno: el cielo y el mar. Nos produce una sensación de tranquilidad y de seguridad, de relajación y de infinidad. Nos gusta mirar como a veces a lo lejos, el mar y el cielo se unen para formar uno solo e imaginar qué habrá más allá de esa imagen. Luego está el cielo que siempre nos acompaña, aunque a veces parece estar enfadado y al día siguiente está radiante de felicidad. Finalmente, está el violeta que representa el dolor. El sufrimiento de un ser perdido o usualmente el castigo que nos supone estar aquí en pie porque nos cuesta demasiado aprender a levantarnos cuando nos caemos.
En resumen, la juventud somos la suma de todos estos colores que por momentos puede llegar a ser negro y en otras ocasiones puede llegar a ser blanco, pero lo verdaderamente difícil para nosotros es buscar un término medio y saber quedarse en él.
Marianela
La belleza o la fealdad de un ciego no es perceptible frente unos ojos cerrados, llenos de oscuridad y de indecisas dudas, sino que debe buscarse con el desarrollo de los otros sentidos, sacando el mayor provecho de ellos.
Belleza es la propiedad de las cosas que hace amarlas, infundiendo en nosotros deleite espiritual, una satisfacción al percibirlas, un gozo al sentirlas. Belleza es ese concepto por el cual calificamos a las personas bonitas tanto por su interior como por su exterior. Belleza es lo hermoso que puede llegar a ser tu vida con tan sólo buscar un objetivo que alcanzar y conseguir lograr ese propósito.
En mi opinión, belleza es la sensación que te produce el viento al rozar tu rostro en un día caluroso de verano, tan refrescante y tranquilizante. También es el placer de levantarse al lado de la persona amada, sintiendo que está a tu lado y que nunca se irá. Asimismo, podría decir miles de lugares exquisitos, inhóspitos y paradisíacos, yendo desde los más remotos hasta los más modernos. Desde percatarse del dulce olor a sal de una playa de una isla prohibida hasta las típicas cosquillas por partes extrañas de tu cuerpo que te producen un escalofrío cuando alguien toca esa parte de tu organismo que nadie hasta ese momento había descubierto. Del mismo modo, belleza está también en ese apacible placer de salir a la calle a acariciar la húmeda nieve después de una noche fría y nevada.
Por otro lado, también está la fealdad que es la propiedad de las cosas que hace rechazarlas, infundiendo en nosotros un mal estar y un desagradable sentir. Son esos momentos que sientes que el tiempo quieres que corra más deprisa, tanto que a veces quieres olvidar lo sucedido. Son aquellos sentimientos que te transmiten un espécimen de dolor que pueden llegar a crearte miedos, dilemas y dificultades que superar.
A mi pensar, fealdad es la sensación que te causa el estremecedor dolor al palpar un punzante pincho de un cactus. También el sufrir por un rechazo amoroso por el que tanto has luchado o simplemente el recuerdo de un ser querido que te abandonó. De la misma manera que te puede producir fealdad oler algo chamuscado como por ejemplo el aroma del plástico quemado o sencillamente la combinación de humo y peste de la explosión de un petardo.
En conclusión, un ciego está privado de la vista, de ver las cosas tal y como son, pero posee la capacidad de utilizar los demás sentidos para intuir si algo que le es desagradable o atrayente es bello u horroroso.