domingo, 9 de mayo de 2010

I don't know.

Fora. No vull que entri ningú més. Vull tancar el meu cor amb pany i candau i tirar la clau al Tíber on per sobre d'ell hi ha el putrefacte pont dels enamorats. Així, al fons, contra més abaix milor, que ningú mai més pugui agafar-la i obrir-me'l una altra vegada.
Però tu, una altre vegada tu. Tornes a arribar amb la teva particular elegància i senzillesa i et tires al riu per rescatar-la. Nedant a contracorrent vers a tots els adversaris que se't van posant al davant: contra la gent que t'envolta, contra un amor casi oblidat però no encara del tot i sobretot, contra tu mateix. Pren molt d'oxigen per vèncer i submergeix-te sota les gèlides aigües del riu i capbussa't baix la sorra on trobaràs la clau.
De sobte, mentres tu intentes cautivar-me altra vegada recordo tots aquells dolorosos moments que em vas fer pasar. Tot el buit que em vas deixar quan te'n vas anar. I si tornes a fugir una altra vegada? I si totes aquestes paraules que em dius només es queden en imperfectes promeses de somnis irreals?
Els dubtes tornen a la meva ment. No volen anar-se'n.
Serà el destí que no vol que siguem feliços junts o per contra que el destí sapiga que no podem ser feliços junts? Malauradament, no ho sé.

martes, 27 de abril de 2010

Pretty woman

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Y si lo hubiera sabido antes…
Ahora ya es demasiado tarde para lamentarme, lo sé. Pero no tengo más remedio que hacerlo, aunque ya no escuches mis súplicas y mis deseos. Hace demasiado tiempo que te fuiste de mi vida y te sigo extrañando como el primer día. Aquel día, ¡cómo olvidarme de él…! Estuve llorando durante largos y eternos minutos sin saber cómo reaccionar y preguntándome reiteradamente: ¿Por qué otra vez?
Y si me hubiera sincerado en su debido momento a lo mejor no tendría este vacío que día tras días me enmudece. Fui algo cobarde por no decirte la verdad, por no explicarte todo lo que sentía desde el día en que te conocí y aún menos por no relatarte todos esos sueños que había creado para los dos y que en pocos minutos los vi derribados sin ninguna esperanza de ser alzados de nuevo.
Y si hubiera sido valiente, habría alzado los ojos para observar tu impenetrable mirada, te hubiera sonreído y hubiera intentado conquistarte y enamorarte como nadie nunca lo ha hecho hasta ahora. ¿Por qué no lo hice? Tu corazón estaba dañado. Ocupado por un desamor. Usurpado por otra mujer que no te sabía comprender y yo, débil de mí, no sabía si arriesgarme o intentar olvidar todos los confusos sentimientos de atracción que sentía por ti.
Y si después de tantos desniveles de alegría y tristeza no hubiera llegado ese viernes, nunca te hubieras ido. Porqué después de muchas dudas conseguí fuerza y valentía para intentar hacerte feliz, pero fallé en el intento, ya era demasiado tarde. Porqué te besé para demostrarte todo lo que sentía y me equivoqué, ya te estabas yendo. 
Y como último propósito, intenté olvidar todo el daño que me hiciste y erré de nuevo, ya no estás aquí y sigues presente como el primer día.

domingo, 18 de abril de 2010

I miss you so

Esta mañana me levanté como otro día cualquiera, le di un manotazo al despertador para que dejara de sonar ese estruendo sonido que me había perturbado el sueño y almorcé rápidamente. Como no llegaba tarde al colegio, así que almorcé, me vestí y me lavé los dientes lo más rápido posible. Cogí las llaves de casa y salí apresuradamente hacia la escuela. Cuando quedaba un piso para llegar al final de esa tortura de escalera sin ascensor, me caí. Hacía tiempo que no tropezaba como esa vez. En dos minutos que fue lo que tardé en repararme de la caída, recordé todos aquellos momentos en los que había caído en mi vida y había aprendido a levantarme: mis primeros pasos, mis primeros chutes a un balón, mi primera vez con una bicicleta de dos ruedas y hasta la primera vez que hice la rueda. Todas esas primeras veces habían acabado en grandes e inolvidables leñazos. Pero golpe tras golpe, había aprendido hasta ese momento que el dolor nos hace más fuerte a los humanos y hace que valoremos más las cosas que tenemos a nuestro alrededor.

Me alcé y fui directa al colegio. La primera clase fue una eternidad como todas a las ocho y media de la mañana, pero esa más en especial. En el cambio de clase, fui al pasillo a hacer memoria. Recordé todos los momentos que habíamos pasado en aquel mismo lugar hacía noventa días ya. Recordé tus miradas cómplices, tus sabias palabras y tus inmortales sonrisas. De repente, sentí el dolor de tu ausencia. Noté que me faltabas allí a mi lado, noté que nadie podía ocupar tu lugar y menos remplazarte en mi corazón. Entonces, imaginé que estabas ahí mirándome como lo solías hacer y te acaricié, pero fugazmente te fuiste. Recuperé las fuerzas para levantarme otra vez y volver a clase…

Y aquí estoy yo describiendo mi dolor en este mismo pasillo, después de tres meses de tu despedida, sintiendo lo mismo que el primer día y sobreviviendo con la compañía de tu fría ausencia que persiste aquí, en este mismo pasillo que sigue esperando a que algún día vuelvas...

domingo, 11 de abril de 2010

Explosión de colores

La adolescencia es un proceso en el cual pasamos por diferentes estados anímicos que poco a poco crean el desarrollo de nuestro ser, nuestro carácter y nuestro genio. Por eso, durante este desarrollo somos como un arco iris, una explosión de sentimientos y de diferentes pensamientos, de vaivenes de sensaciones y de dilemas que nadie sabe resolver.

Nuestro Arco iris vital de juventud está formado por diferentes colores, entre ellos está el rojo pasión, que simboliza la sangre que recorre por nuestro cuerpo y que representa la violencia, el resultado de una guerra. También se puede entender como el color de lo prohibido y el color de un sutil provocativo pintalabios rojizo marcado en el filo de una copa de vino tinto. A nosotros, este color nos suele ser atrayente y llamativo, pero normalmente lo solemos relacionar con el amor. Luego está el naranja, relacionado con la música máquina, aquella música que nos aporta energía, ganas de bailar y de gritar, de olvidar todo lo demás y concentrarnos en esa melodía para poderla disfrutar. No suele agradar a la gente, pero puede llegar a ser original. Lo podemos relacionar con un atardecer en la playa, con un cielo con colores calientes y con la inseguridad, tonalidad ámbar de un semáforo al poder pasar pero con un alto riesgo de peligro. Seguidamente está el amarillo, que representa una parte oscura de nuestro carácter: los celos. Pero también representa nuestra felicidad, aunque a veces sea más efímera de lo que nos gustaría. Luego está el verde, que nos aporta esperanza en nuestros peores momentos. Cuando nos damos cuenta que no tenemos a nada ni a nadie que nos entienda y aparece alguien que te confía que se siente tan solo o más que tu. Entonces, tenemos la esperanza de que esa persona sea la adecuada. Prosigue el color azul que representa todo lo eterno: el cielo y el mar. Nos produce una sensación de tranquilidad y de seguridad, de relajación y de infinidad. Nos gusta mirar como a veces a lo lejos, el mar y el cielo se unen para formar uno solo e imaginar qué habrá más allá de esa imagen. Luego está el cielo que siempre nos acompaña, aunque a veces parece estar enfadado y al día siguiente está radiante de felicidad. Finalmente, está el violeta que representa el dolor. El sufrimiento de un ser perdido o usualmente el castigo que nos supone estar aquí en pie porque nos cuesta demasiado aprender a levantarnos cuando nos caemos.

En resumen, la juventud somos la suma de todos estos colores que por momentos puede llegar a ser negro y en otras ocasiones puede llegar a ser blanco, pero lo verdaderamente difícil para nosotros es buscar un término medio y saber quedarse en él.

Marianela

La belleza o la fealdad de un ciego no es perceptible frente unos ojos cerrados, llenos de oscuridad y de indecisas dudas, sino que debe buscarse con el desarrollo de los otros sentidos, sacando el mayor provecho de ellos.

Belleza es la propiedad de las cosas que hace amarlas, infundiendo en nosotros deleite espiritual, una satisfacción al percibirlas, un gozo al sentirlas. Belleza es ese concepto por el cual calificamos a las personas bonitas tanto por su interior como por su exterior. Belleza es lo hermoso que puede llegar a ser tu vida con tan sólo buscar un objetivo que alcanzar y conseguir lograr ese propósito.

En mi opinión, belleza es la sensación que te produce el viento al rozar tu rostro en un día caluroso de verano, tan refrescante y tranquilizante. También es el placer de levantarse al lado de la persona amada, sintiendo que está a tu lado y que nunca se irá. Asimismo, podría decir miles de lugares exquisitos, inhóspitos y paradisíacos, yendo desde los más remotos hasta los más modernos. Desde percatarse del dulce olor a sal de una playa de una isla prohibida hasta las típicas cosquillas por partes extrañas de tu cuerpo que te producen un escalofrío cuando alguien toca esa parte de tu organismo que nadie hasta ese momento había descubierto. Del mismo modo, belleza está también en ese apacible placer de salir a la calle a acariciar la húmeda nieve después de una noche fría y nevada.

Por otro lado, también está la fealdad que es la propiedad de las cosas que hace rechazarlas, infundiendo en nosotros un mal estar y un desagradable sentir. Son esos momentos que sientes que el tiempo quieres que corra más deprisa, tanto que a veces quieres olvidar lo sucedido. Son aquellos sentimientos que te transmiten un espécimen de dolor que pueden llegar a crearte miedos, dilemas y dificultades que superar.

A mi pensar, fealdad es la sensación que te causa el estremecedor dolor al palpar un punzante pincho de un cactus. También el sufrir por un rechazo amoroso por el que tanto has luchado o simplemente el recuerdo de un ser querido que te abandonó. De la misma manera que te puede producir fealdad oler algo chamuscado como por ejemplo el aroma del plástico quemado o sencillamente la combinación de humo y peste de la explosión de un petardo.

En conclusión, un ciego está privado de la vista, de ver las cosas tal y como son, pero posee la capacidad de utilizar los demás sentidos para intuir si algo que le es desagradable o atrayente es bello u horroroso.

viernes, 19 de febrero de 2010

Para los enamorados

Supongo que ni tú, ni yo, ni nadie de este planeta que tenga un poco de inteligencia podría pensar en una locura tan grande como la nuestra: el amor verdadero. Si, aquello que ahora los adolescentes entienden por un rollo de una noche, un tic y taca o incluso los más romanticos son aquellos que duran hasta tres semanas con su pareja que le ha sido infiel cuatro veces y con cuatro hombres diferentes.
El amor, tan sencillo de explicar y tan dificil de olvidar, tan doloroso y sufrido, para los amados, para los amantes y sobretodo para los que son no correspondidos. Amor es de lo que hablan todos y muy pocos son los que sienten. Sólo hay cuatro gatos agilipollados (entre tantos tú ,yo y ella) que lo entendemos tal y como es, con sus pros y sus contras, y no cuando nos interesa.



A veces, uno no se da cuenta de las verdaderas locuras que podríamos llegar a hacer por amor, los lugares que podríamos viajar por sólo ver a esa persona cinco minutos porque diez minutos más tarde tiene una conferencia, la cantidad de regalos que podríamos hacerle para demostrarle tu amor y ella estar sin immutarse durante décadas. Vacíos, solos, tristes. El amor es simplemente eso, un altibajo de sentimientos que nunca sabes ni cuando van ni cuando vienen. Cuando van ya los has perdido y cuando vienen no te has dado cuenta y ya se han ido. Aunque no todos lo saben pero es bastante obvio, los que nos mostramos más fríos exteriormente somos los que por dentro sufrimos más, aquellos que nos callamos todo lo que sentimos por miedo a perder, a perderla, a perderles a todos ellos que están a nuestro alrededor, por miedo a hacer daño y por miedo a herir los sentimientos de los demás. En cambio, los que más presumen de sentirlo, de tener el amor que todos deseamos y envidiamos, son los que más lo necesitan y que nunca han tenido uno de verdadero. Pensamos, soñamos y creamos. Algunos ingenuos creemos que podemos conseguir todo lo que propogamos y apreciamos, nos esforzamos al máximo para obtenerlo, para que la chica que nos guste nos llegue a hablar algún día o simplemente verla otra vez por la misma calle en la que os conocisteis. Nos enamoramos, caemos, nos volvemos a levantar gracias a muchos esfuerzos y volvemos a enamorarnos de una persona peor que la anterior, que nos hace daño, que nos hace sufrir y nos hace poner de los nervios. Pero precisamente esa misma persona, tiene el poder de hacerte feliz, sólo ella. Con su simpatía, con la complicidad que te demuestra día a día, viniéndote a buscar al trabajo o preparándote una cena romántica con velas porque estáis cabreados. Entonces, en ese justo momento, los enamorados reprimidos olvidamos todo lo malo que nos muestra durante algunos días y nos fijamos en lo mucho que nos complace que nos quieran por unos instantes, que nos abracen aunque los abrazos no sean auténticos, y que nos besen aunque los labios que nos estén besando no sean ni tan si quiera los suyos...

lunes, 8 de febrero de 2010

Sin que se note

Después de una eternidad de días sin verte hoy, un día muy señalado para mí, te he vuelto a ver. Aunque sólo haya podido ser desde detrás de un ridículo muro, muy alejado de ti.

Espero que no me hayas visto, sería muy bochornoso que lo hubieras hecho mientras te estaba espiando... Me he planteado la idea de ir a saludarte, como si nada hubiera pasado durante tanto tiempo sin comunicarnos, pero no soy tan fuerte como crees. Simplemente me he conformado con observarte que ya es mucho para mí.

He visto tu sonrisa que la tenía bastante olvidada en el recuerdo, tu peculiar manera de reír de la cual muchas veces me acuerdo y sobretodo me he fijado en el movimiento de tu cabello agitado por tus manos que cuando eras sólo mía podía acariciar.

De repente, me vinieron a la mente muchos de los recuerdos que habíamos pasado en el mismo lugar que estabas sentada, aunque en ese momento tú estabas acompañada de tus amigas y yo acompañada de un doloroso recuerdo mientras contemplaba tu belleza, tu forma de mirar, tu figura, tu ropa, tu sutil sensualidad…

Me hubiera gustado hablar contigo, abrazarte e incluso besarte. Explicarte mi vida, mi rutinaria vida sin ti llena de dolor al rememorar todos los sueños que teníamos por vivir y que nunca se llegaron a cumplir.

Hace noventa días que no estamos juntos y aún siento el mismo sufrimiento que el primer día. Supongo que me tendrás más que olvidado y que no te acordarás de todas las promesas que los dos finalmente incumplimos, pero aunque tu sigas creyendo que soy frío, cruel y algo calculador te sigo amando igual o más que el primer día.

Sigo creyendo en que me amas igual y que algún día, quieras o no, volverás a estar entre mis brazos, rodeada de mis abrazos y regresarás a ese lugar que nunca debías haber abandonado: mi corazón lleno de felicidad y cariño dispuesto compartir todos los momentos de la vida contigo...