miércoles, 21 de octubre de 2009

Si ya no estás...

Esta redacción quiero que sea especial y voy a hacer que así sea, esta vez como en muchas otras ocasiones tú eres la protagonista de mi historia:
Cuando me dijiste que te ibas a ir me comporté como una niña pequeña repelente y estúpida, pero no sabía muy bien qué hacer ni cómo reaccionar. Fue bastante doloroso para mí la verdad y supongo que algo bochornoso para ti. Por otro lado, sabía que serías más feliz entrando en una etapa nueva de tu vida, llena de esperanza e ilusión. Sin embargo, me gustaría que supieras que desde que te has ido te valoro más de lo que te valoraba anteriormente y por eso el motivo por el cual te escribo esta redacción.
Hace tres meses que te fuiste, dejándome aquí sola recordándote y esperando a tu regreso. Y es que al pensar que ya no te tengo cerca siento que poco a poco me agobio cada vez más, que la vida se me viene encima y no la puedo parar y que no me sirve de nada sollozarte mil y una veces cuando ya no estás. A consecuencia de esto te escribo porque te echo muchísimo de menos, aunque creo que no soy la única. Nadie dice nada sobre ti, parece que la mayoría te hayan olvidado, pero estate segura de que por mi parte eso nunca ocurrirá. También quería decirte que cada vez que escribo me acuerdo de ti, porque eras tú la que leías todo lo que yo escribía. Porque antes me gustaba expresarte mis sentimientos en forma de palabras separadas por espacios y que tu las leyeras, pero ahora ya no puedo hacerlo. Los momentos que he vivido contigo han sido especiales, a raíz de que manteníamos una amistad especial, amistad que poco a poco fue apagándose y aunque ninguna de las dos quería que esto sucediera, sabíamos que por algunas circunstancias de la vida íbamos a ir alejándonos cada vez más. Porque cada momento contigo sé que probablemente no se volverá a repetir, que sólo son recuerdos de tiempos pasados y si fuera por mí, créeme, me gustaría que hubiera de nuevos y de más bonitos aún.
En definitiva, me agradaría que algún día supieras verdaderamente lo que pienso sobre ti, ya que realmente te admiro a pesar de que nunca te lo haya dicho. Porque tú has sido la que ha conseguido cambiarme como persona, porque has aguantado mis ridículos e innumerables enfados y por todo lo demás, solamente me queda decirte que gracias una vez más.

sábado, 10 de octubre de 2009

Mirando al paraíso

A pesar de que parezca mentira, puede ser que me haya vuelto a enamorar. Digo puede ser porque aún no se si estoy en lo cierto o no, pero realmente no me gusta pensar en el hecho de que pueda volver a las andadas de siempre. Pero esta vez parece ser especial, hay algo que la hace especial y aún no he descubierto el que. Me gusta verla feliz aún sabiendo que la mayoría de veces yo no formo parte de su felicidad. Cuando estoy con ella me siento importante y pese a que lo demás me creáis o no, la forma que tiene de tratarme hace que cada vez la valore más.
La he perdido mil y una veces, aunque más veces me ha perdido ella a mí. Pero después de eternas y estúpidas discusiones me ha demostrado que no me quiere volver a perder jamás, que su felicidad sin mí son falsas sonrisas para no dar importancia a mi pérdida y aún así me cuesta, pero finalmente la creo y vivo día a día pesando en un esperado final feliz.
Ahora bien, como en la mayoría de historias de amor (por no decir todas), hay un momento en que las cosas se tuercen, los sentimientos se van confundiendo y los problemas externos acaban afectando a nuestra “relación”. Pero cuando estoy con ella me olvido de todo lo demás, o mejor dicho ella hace que me olvide de todo el resto. Me cierro en un fantasioso mundo que solamente existe ella, y me centro en lo que dice y en lo que hace hasta llegar a un punto que sólo soy feliz con ella porque es la que me hace sonreír, la que me ayuda siempre que lo necesito y lo más importante de todo pero no por eso quiero decir que sea bueno, la mujer que me enamora cada vez más.
En resumidas cuentas, me gustaría disfrutar del momento, de la felicidad compartida y de las compenetradas miradas. No preocuparme tanto en lo que podrá pasar, pero el miedo a sufrir hace que retroceda y no me atreva a demostrarle todo lo que siento.