Después de una eternidad de días sin verte hoy, un día muy señalado para mí, te he vuelto a ver. Aunque sólo haya podido ser desde detrás de un ridículo muro, muy alejado de ti.
Espero que no me hayas visto, sería muy bochornoso que lo hubieras hecho mientras te estaba espiando... Me he planteado la idea de ir a saludarte, como si nada hubiera pasado durante tanto tiempo sin comunicarnos, pero no soy tan fuerte como crees. Simplemente me he conformado con observarte que ya es mucho para mí.
He visto tu sonrisa que la tenía bastante olvidada en el recuerdo, tu peculiar manera de reír de la cual muchas veces me acuerdo y sobretodo me he fijado en el movimiento de tu cabello agitado por tus manos que cuando eras sólo mía podía acariciar.
De repente, me vinieron a la mente muchos de los recuerdos que habíamos pasado en el mismo lugar que estabas sentada, aunque en ese momento tú estabas acompañada de tus amigas y yo acompañada de un doloroso recuerdo mientras contemplaba tu belleza, tu forma de mirar, tu figura, tu ropa, tu sutil sensualidad…
Me hubiera gustado hablar contigo, abrazarte e incluso besarte. Explicarte mi vida, mi rutinaria vida sin ti llena de dolor al rememorar todos los sueños que teníamos por vivir y que nunca se llegaron a cumplir.
Hace noventa días que no estamos juntos y aún siento el mismo sufrimiento que el primer día. Supongo que me tendrás más que olvidado y que no te acordarás de todas las promesas que los dos finalmente incumplimos, pero aunque tu sigas creyendo que soy frío, cruel y algo calculador te sigo amando igual o más que el primer día.
Sigo creyendo en que tú me amas igual y que algún día, quieras o no, volverás a estar entre mis brazos, rodeada de mis abrazos y regresarás a ese lugar que nunca debías haber abandonado: mi corazón lleno de felicidad y cariño dispuesto compartir todos los momentos de la vida contigo...
No hay comentarios:
Publicar un comentario