La vida de aquella adolescente no tenía sentido alguno si él no estaba cerca suyo. Habían pasado los mejores meses de sus vidas, o eso pensaba ella. Todos los fines de semana vivían unidos, incomunicados del exterior y sin estúpidas preocupaciones, solo necesitaban estar juntos sin parar de besarse ni de abrazarse. Cada uno de ellos especiales, a veces más pasionales y otras veces más amistosos, pero siempre juntos. No obstante, en la relación existían diversos baches, de los cuales muchas veces tardaban mucho tiempo en salir de ellos. Ella sufría por él, pensaba que nunca le volvería hacer daño, que nunca le volvería a mentir y que siempre la amaría. Soportaba en silencio el dolor que le producía su amado, nadie sabía la existencia de una bonita historia de amor entre los dos. Su vida recobraba sentido por momentos, pero desgraciadamente solo por momentos. Era capaz de darlo todo por él, incluso dejar a sus amigas y a su familia para estar a su lado, y sobre todo, a su fiel mejor amiga. Pero ahora se sentía sola, cuando él no estaba nada de su alrededor le daba el cariño que él le podía dar, ella carecía de afecto de su familia y amigos. Pensaba que esa mala racha en su vida nunca iba a pasar, que perduraría toda su existencia, siempre era así de pesimista, pero no tenía ningún motivo para no serlo. Escribía extensos relatos explicando sus problemas amorosos y familiares, que algunos tenían destinatario. Un brote de esperanza daba luminosidad a su vida: hacía semanas que no caían en el temeroso oscuro pozo con una vertiginosa altura, eran felices juntos sólo con tenerse uno con el otro, verse cada día por los pasillos del colegio, en el patio e incluso en los lavabos. Sentía un gran apoyo moral, una persona muy cercana pero a la vez lejana, la veía todos los días y a todas horas pero no solía hablar mucho con ella, solo le bastaba un sonrisa para contentarle el día. A veces ella tenía buenos días, depende de lo que sucediera a su alrededor y otros sólo con pensar en lo que iba a suceder se derrumbaba en un mar de lágrimas sobre su cama, agarrada a su rosado corazón rojo que especialmente él le regaló para San Valentín. Estaba bastante acostumbrada al sufrimiento y al dolor, pero no a esos extremos, aunque ella siguió subsistiendo a la dura vida real.
Durante un tiempo, no se supo nada de ella. Trascurría su vida sin ningún sentido pero tampoco con mucha preocupación, y su gran amor por fin, desapareció.
Durante un tiempo, no se supo nada de ella. Trascurría su vida sin ningún sentido pero tampoco con mucha preocupación, y su gran amor por fin, desapareció.
Enserio, me encantan todos los textos.
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