La brisa del viento sacudía su dorado cabello que con el sol cada vez se hacía más resplandeciente. Me miraba con timidez y disimulo, pero solo cuando me miraba. La observaba con resignación porque nunca la conseguiría. Su rostro albino complementando con su sonrisa perfecta e impecable eran mágicos para mí. Nunca había sentido algo así por una mujer inmejorable a la de mis sueños, pero ella era el astro que más brillaba en mi corazón. Era demasiado inconstante en el amor, aunque si por mi fuese la tendría siempre a mi lado.
Sus ojos clareaban cada vez más con la felicidad que algunas veces me mostraba estando cerca mío. Iba y venía como las golondrinas al emigrar, nuestra inestable amistad yacía durante un tiempo, sin olvidar todo lo que sucedió. Vivía tranquilamente, sin ningún tipo de preocupación que le impidiese volar con toda libertad. Yo la dejaba volar, que sus añiles ojos observaran la vida que le quedaba por delante, la preciosa y extravagante vida. Me aturullaba al hablar con ella, era una hipnotizadora cabellera áurea que al pasar por mi lado se movía con más ligereza. A la vez yo, inocente de mi, caía rendido a sus hechizos y con facilidad, la seguía hasta el fin del mundo…
Sus ojos clareaban cada vez más con la felicidad que algunas veces me mostraba estando cerca mío. Iba y venía como las golondrinas al emigrar, nuestra inestable amistad yacía durante un tiempo, sin olvidar todo lo que sucedió. Vivía tranquilamente, sin ningún tipo de preocupación que le impidiese volar con toda libertad. Yo la dejaba volar, que sus añiles ojos observaran la vida que le quedaba por delante, la preciosa y extravagante vida. Me aturullaba al hablar con ella, era una hipnotizadora cabellera áurea que al pasar por mi lado se movía con más ligereza. A la vez yo, inocente de mi, caía rendido a sus hechizos y con facilidad, la seguía hasta el fin del mundo…
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