Cuando acabas de coger la mejor posición en la cama, suena el despertador, las 8 de la mañana. El primer día de colegio después de vacaciones de Navidad. ¿Quién no se quedaría en la cama durmiendo con un par de mantas para combatir el frío? Las ventanas de mi casa estaban empañadas, y por ellas podía ver las pequeñas gotas de agua-nieve. Almorzar rapidísimo y vestirse. Bajar por las escaleras que cada vez se hacían más eternas y llegar a la calle. Aire fresco ¡Qué frío! Entonces, miré de lado a lado por si había alguien. Me propuse bajar la empinada calle de la cual bastantes veces me he caído y empecé a subir escalones de nuevo. Las luces de las calles estaban encendidas, mi respiración se aceleraba y salía una especie de humo de mi boca. Con un poco de música el trayecto se me hizo más corto. Aunque, al llegar a clase, todo volvió a ser como antes. Una pesadilla de la cual salí y había vuelto a entrar. Saludar a tus compañeros y amigos. Alguna que otra broma, risas y de vuelta a clase. Donde los radiadores estaban apagados, las persianas subidas y mi tutor esperándome ansiosamente en su trono de rey. Empezaron las clases con diversas risas y mucho cachondeo; ni los profesores ni los alumnos teníamos ganas de hacer nada. Ni ellos de enseñar ni nosotros de aprender. Después de dos eternas horas, llegó la hora del patio. Por el camino, tuve un fortuito reencuentro muy agradable con “ella”, que empezamos a hacer bromas sobre el libro, mi vida y las vacaciones. ¡Preferiría no haber salido de clase! Cada vez hacía más frio, los charcos del patio estaban raramente congelados y todo el mundo andaba de forma tétrica. Media hora de sufrimiento y empiezan de nuevo las clases. Éstas, en cambio, se pasaron más rápido, las sonrisas de mis amables compañeros me hicieron que estas dos horas pasaran más rápido. Al mediodía empezaron a caer unos cuantos copos de nieve, pero como empezó a salir el sol no hizo ningún efecto de que había nevado ¡Que oportuno! Solo quedaban dos horas para acabar este día y llegó el peor momento. Enfados, castigos y controles…
Un sonido no muy agradable me salvó, las cinco de la tarde. Me volví a encontrar con “ella”, que me dio unos sabios consejos de adulta y mañana la veo otra vez. El final del día fue un poco decepcionante, porque mi espíritu de superación se quedó en vano.
Vuelta a la rutina, queridos, queridas… Así es la vida.
jueves, 8 de enero de 2009
Rutinaria vida de una adolescente
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