domingo, 11 de abril de 2010

Explosión de colores

La adolescencia es un proceso en el cual pasamos por diferentes estados anímicos que poco a poco crean el desarrollo de nuestro ser, nuestro carácter y nuestro genio. Por eso, durante este desarrollo somos como un arco iris, una explosión de sentimientos y de diferentes pensamientos, de vaivenes de sensaciones y de dilemas que nadie sabe resolver.

Nuestro Arco iris vital de juventud está formado por diferentes colores, entre ellos está el rojo pasión, que simboliza la sangre que recorre por nuestro cuerpo y que representa la violencia, el resultado de una guerra. También se puede entender como el color de lo prohibido y el color de un sutil provocativo pintalabios rojizo marcado en el filo de una copa de vino tinto. A nosotros, este color nos suele ser atrayente y llamativo, pero normalmente lo solemos relacionar con el amor. Luego está el naranja, relacionado con la música máquina, aquella música que nos aporta energía, ganas de bailar y de gritar, de olvidar todo lo demás y concentrarnos en esa melodía para poderla disfrutar. No suele agradar a la gente, pero puede llegar a ser original. Lo podemos relacionar con un atardecer en la playa, con un cielo con colores calientes y con la inseguridad, tonalidad ámbar de un semáforo al poder pasar pero con un alto riesgo de peligro. Seguidamente está el amarillo, que representa una parte oscura de nuestro carácter: los celos. Pero también representa nuestra felicidad, aunque a veces sea más efímera de lo que nos gustaría. Luego está el verde, que nos aporta esperanza en nuestros peores momentos. Cuando nos damos cuenta que no tenemos a nada ni a nadie que nos entienda y aparece alguien que te confía que se siente tan solo o más que tu. Entonces, tenemos la esperanza de que esa persona sea la adecuada. Prosigue el color azul que representa todo lo eterno: el cielo y el mar. Nos produce una sensación de tranquilidad y de seguridad, de relajación y de infinidad. Nos gusta mirar como a veces a lo lejos, el mar y el cielo se unen para formar uno solo e imaginar qué habrá más allá de esa imagen. Luego está el cielo que siempre nos acompaña, aunque a veces parece estar enfadado y al día siguiente está radiante de felicidad. Finalmente, está el violeta que representa el dolor. El sufrimiento de un ser perdido o usualmente el castigo que nos supone estar aquí en pie porque nos cuesta demasiado aprender a levantarnos cuando nos caemos.

En resumen, la juventud somos la suma de todos estos colores que por momentos puede llegar a ser negro y en otras ocasiones puede llegar a ser blanco, pero lo verdaderamente difícil para nosotros es buscar un término medio y saber quedarse en él.

Marianela

La belleza o la fealdad de un ciego no es perceptible frente unos ojos cerrados, llenos de oscuridad y de indecisas dudas, sino que debe buscarse con el desarrollo de los otros sentidos, sacando el mayor provecho de ellos.

Belleza es la propiedad de las cosas que hace amarlas, infundiendo en nosotros deleite espiritual, una satisfacción al percibirlas, un gozo al sentirlas. Belleza es ese concepto por el cual calificamos a las personas bonitas tanto por su interior como por su exterior. Belleza es lo hermoso que puede llegar a ser tu vida con tan sólo buscar un objetivo que alcanzar y conseguir lograr ese propósito.

En mi opinión, belleza es la sensación que te produce el viento al rozar tu rostro en un día caluroso de verano, tan refrescante y tranquilizante. También es el placer de levantarse al lado de la persona amada, sintiendo que está a tu lado y que nunca se irá. Asimismo, podría decir miles de lugares exquisitos, inhóspitos y paradisíacos, yendo desde los más remotos hasta los más modernos. Desde percatarse del dulce olor a sal de una playa de una isla prohibida hasta las típicas cosquillas por partes extrañas de tu cuerpo que te producen un escalofrío cuando alguien toca esa parte de tu organismo que nadie hasta ese momento había descubierto. Del mismo modo, belleza está también en ese apacible placer de salir a la calle a acariciar la húmeda nieve después de una noche fría y nevada.

Por otro lado, también está la fealdad que es la propiedad de las cosas que hace rechazarlas, infundiendo en nosotros un mal estar y un desagradable sentir. Son esos momentos que sientes que el tiempo quieres que corra más deprisa, tanto que a veces quieres olvidar lo sucedido. Son aquellos sentimientos que te transmiten un espécimen de dolor que pueden llegar a crearte miedos, dilemas y dificultades que superar.

A mi pensar, fealdad es la sensación que te causa el estremecedor dolor al palpar un punzante pincho de un cactus. También el sufrir por un rechazo amoroso por el que tanto has luchado o simplemente el recuerdo de un ser querido que te abandonó. De la misma manera que te puede producir fealdad oler algo chamuscado como por ejemplo el aroma del plástico quemado o sencillamente la combinación de humo y peste de la explosión de un petardo.

En conclusión, un ciego está privado de la vista, de ver las cosas tal y como son, pero posee la capacidad de utilizar los demás sentidos para intuir si algo que le es desagradable o atrayente es bello u horroroso.

viernes, 19 de febrero de 2010

Para los enamorados

Supongo que ni tú, ni yo, ni nadie de este planeta que tenga un poco de inteligencia podría pensar en una locura tan grande como la nuestra: el amor verdadero. Si, aquello que ahora los adolescentes entienden por un rollo de una noche, un tic y taca o incluso los más romanticos son aquellos que duran hasta tres semanas con su pareja que le ha sido infiel cuatro veces y con cuatro hombres diferentes.
El amor, tan sencillo de explicar y tan dificil de olvidar, tan doloroso y sufrido, para los amados, para los amantes y sobretodo para los que son no correspondidos. Amor es de lo que hablan todos y muy pocos son los que sienten. Sólo hay cuatro gatos agilipollados (entre tantos tú ,yo y ella) que lo entendemos tal y como es, con sus pros y sus contras, y no cuando nos interesa.



A veces, uno no se da cuenta de las verdaderas locuras que podríamos llegar a hacer por amor, los lugares que podríamos viajar por sólo ver a esa persona cinco minutos porque diez minutos más tarde tiene una conferencia, la cantidad de regalos que podríamos hacerle para demostrarle tu amor y ella estar sin immutarse durante décadas. Vacíos, solos, tristes. El amor es simplemente eso, un altibajo de sentimientos que nunca sabes ni cuando van ni cuando vienen. Cuando van ya los has perdido y cuando vienen no te has dado cuenta y ya se han ido. Aunque no todos lo saben pero es bastante obvio, los que nos mostramos más fríos exteriormente somos los que por dentro sufrimos más, aquellos que nos callamos todo lo que sentimos por miedo a perder, a perderla, a perderles a todos ellos que están a nuestro alrededor, por miedo a hacer daño y por miedo a herir los sentimientos de los demás. En cambio, los que más presumen de sentirlo, de tener el amor que todos deseamos y envidiamos, son los que más lo necesitan y que nunca han tenido uno de verdadero. Pensamos, soñamos y creamos. Algunos ingenuos creemos que podemos conseguir todo lo que propogamos y apreciamos, nos esforzamos al máximo para obtenerlo, para que la chica que nos guste nos llegue a hablar algún día o simplemente verla otra vez por la misma calle en la que os conocisteis. Nos enamoramos, caemos, nos volvemos a levantar gracias a muchos esfuerzos y volvemos a enamorarnos de una persona peor que la anterior, que nos hace daño, que nos hace sufrir y nos hace poner de los nervios. Pero precisamente esa misma persona, tiene el poder de hacerte feliz, sólo ella. Con su simpatía, con la complicidad que te demuestra día a día, viniéndote a buscar al trabajo o preparándote una cena romántica con velas porque estáis cabreados. Entonces, en ese justo momento, los enamorados reprimidos olvidamos todo lo malo que nos muestra durante algunos días y nos fijamos en lo mucho que nos complace que nos quieran por unos instantes, que nos abracen aunque los abrazos no sean auténticos, y que nos besen aunque los labios que nos estén besando no sean ni tan si quiera los suyos...

lunes, 8 de febrero de 2010

Sin que se note

Después de una eternidad de días sin verte hoy, un día muy señalado para mí, te he vuelto a ver. Aunque sólo haya podido ser desde detrás de un ridículo muro, muy alejado de ti.

Espero que no me hayas visto, sería muy bochornoso que lo hubieras hecho mientras te estaba espiando... Me he planteado la idea de ir a saludarte, como si nada hubiera pasado durante tanto tiempo sin comunicarnos, pero no soy tan fuerte como crees. Simplemente me he conformado con observarte que ya es mucho para mí.

He visto tu sonrisa que la tenía bastante olvidada en el recuerdo, tu peculiar manera de reír de la cual muchas veces me acuerdo y sobretodo me he fijado en el movimiento de tu cabello agitado por tus manos que cuando eras sólo mía podía acariciar.

De repente, me vinieron a la mente muchos de los recuerdos que habíamos pasado en el mismo lugar que estabas sentada, aunque en ese momento tú estabas acompañada de tus amigas y yo acompañada de un doloroso recuerdo mientras contemplaba tu belleza, tu forma de mirar, tu figura, tu ropa, tu sutil sensualidad…

Me hubiera gustado hablar contigo, abrazarte e incluso besarte. Explicarte mi vida, mi rutinaria vida sin ti llena de dolor al rememorar todos los sueños que teníamos por vivir y que nunca se llegaron a cumplir.

Hace noventa días que no estamos juntos y aún siento el mismo sufrimiento que el primer día. Supongo que me tendrás más que olvidado y que no te acordarás de todas las promesas que los dos finalmente incumplimos, pero aunque tu sigas creyendo que soy frío, cruel y algo calculador te sigo amando igual o más que el primer día.

Sigo creyendo en que tú me amas igual y que algún día, quieras o no, volverás a estar entre mis brazos, rodeada de mis abrazos y regresarás a ese lugar que nunca debías haber abandonado: mi corazón lleno de felicidad y cariño dispuesto compartir todos los momentos de la vida contigo...

lunes, 1 de febrero de 2010

Seguirte hasta la eternidad...

Me gustaría que estuvieras de nuevo aquí, que nunca te hubieras ido. Me gustaría observar tus profundos brillantes ojos marrones que tanta seguridad me aportaban. Me gustaría ver tu sonrisa, esa sonrisa de la cual me enamoré al primer instante y que ahora solamente la puedo ver evocando recuerdos del pasado. Me gustaría volver a abrazarte y que me abrazaras, rodearte con mis brazos y que te quedarás entre ellos para siempre. Me gustaría volver a poder llorar junto a ti aunque fuera sólo por unos instantes y por lo contrario, reirme contigo hasta el fin de nuestras vidas. Me gustaría que supieras lo mucho que te hecho de menos, ya que desde que no estás me he vuelto una incomprendida por excelencia. Me gustaría que supieras lo que siento ahora que ya no estás, que te fuiste y raramente volverás. Me gustaría seguirte allí donde fueras, hasta la eternidad. Besarte como nunca lo he hecho, abrazarte tan fuerte dejándote sin aliento y apoyarte en todos los momentos como has hecho tu conmigo. Animarte en todos los retos que siempre te pongas por delante y ayudarte a superar los obstáculos más inóspitos que la dolorosa vida pudiese ponerte.

Me gustaría que nunca hubiera un último beso, ni último abarazo, ni una última mirada, ni una última sonrisa, ni una última clase, ni un último correo, ni una última despedida... Pero desgraciadamente en esta vida siempre hay un " me gustaría" que nunca se cumple y un "último" que por mucho cariño que nos tengamos siempre acaba sucediendo.

miércoles, 21 de octubre de 2009

Si ya no estás...

Esta redacción quiero que sea especial y voy a hacer que así sea, esta vez como en muchas otras ocasiones tú eres la protagonista de mi historia:
Cuando me dijiste que te ibas a ir me comporté como una niña pequeña repelente y estúpida, pero no sabía muy bien qué hacer ni cómo reaccionar. Fue bastante doloroso para mí la verdad y supongo que algo bochornoso para ti. Por otro lado, sabía que serías más feliz entrando en una etapa nueva de tu vida, llena de esperanza e ilusión. Sin embargo, me gustaría que supieras que desde que te has ido te valoro más de lo que te valoraba anteriormente y por eso el motivo por el cual te escribo esta redacción.
Hace tres meses que te fuiste, dejándome aquí sola recordándote y esperando a tu regreso. Y es que al pensar que ya no te tengo cerca siento que poco a poco me agobio cada vez más, que la vida se me viene encima y no la puedo parar y que no me sirve de nada sollozarte mil y una veces cuando ya no estás. A consecuencia de esto te escribo porque te echo muchísimo de menos, aunque creo que no soy la única. Nadie dice nada sobre ti, parece que la mayoría te hayan olvidado, pero estate segura de que por mi parte eso nunca ocurrirá. También quería decirte que cada vez que escribo me acuerdo de ti, porque eras tú la que leías todo lo que yo escribía. Porque antes me gustaba expresarte mis sentimientos en forma de palabras separadas por espacios y que tu las leyeras, pero ahora ya no puedo hacerlo. Los momentos que he vivido contigo han sido especiales, a raíz de que manteníamos una amistad especial, amistad que poco a poco fue apagándose y aunque ninguna de las dos quería que esto sucediera, sabíamos que por algunas circunstancias de la vida íbamos a ir alejándonos cada vez más. Porque cada momento contigo sé que probablemente no se volverá a repetir, que sólo son recuerdos de tiempos pasados y si fuera por mí, créeme, me gustaría que hubiera de nuevos y de más bonitos aún.
En definitiva, me agradaría que algún día supieras verdaderamente lo que pienso sobre ti, ya que realmente te admiro a pesar de que nunca te lo haya dicho. Porque tú has sido la que ha conseguido cambiarme como persona, porque has aguantado mis ridículos e innumerables enfados y por todo lo demás, solamente me queda decirte que gracias una vez más.

sábado, 10 de octubre de 2009

Mirando al paraíso

A pesar de que parezca mentira, puede ser que me haya vuelto a enamorar. Digo puede ser porque aún no se si estoy en lo cierto o no, pero realmente no me gusta pensar en el hecho de que pueda volver a las andadas de siempre. Pero esta vez parece ser especial, hay algo que la hace especial y aún no he descubierto el que. Me gusta verla feliz aún sabiendo que la mayoría de veces yo no formo parte de su felicidad. Cuando estoy con ella me siento importante y pese a que lo demás me creáis o no, la forma que tiene de tratarme hace que cada vez la valore más.
La he perdido mil y una veces, aunque más veces me ha perdido ella a mí. Pero después de eternas y estúpidas discusiones me ha demostrado que no me quiere volver a perder jamás, que su felicidad sin mí son falsas sonrisas para no dar importancia a mi pérdida y aún así me cuesta, pero finalmente la creo y vivo día a día pesando en un esperado final feliz.
Ahora bien, como en la mayoría de historias de amor (por no decir todas), hay un momento en que las cosas se tuercen, los sentimientos se van confundiendo y los problemas externos acaban afectando a nuestra “relación”. Pero cuando estoy con ella me olvido de todo lo demás, o mejor dicho ella hace que me olvide de todo el resto. Me cierro en un fantasioso mundo que solamente existe ella, y me centro en lo que dice y en lo que hace hasta llegar a un punto que sólo soy feliz con ella porque es la que me hace sonreír, la que me ayuda siempre que lo necesito y lo más importante de todo pero no por eso quiero decir que sea bueno, la mujer que me enamora cada vez más.
En resumidas cuentas, me gustaría disfrutar del momento, de la felicidad compartida y de las compenetradas miradas. No preocuparme tanto en lo que podrá pasar, pero el miedo a sufrir hace que retroceda y no me atreva a demostrarle todo lo que siento.